Comer en Barcelona y cenar en Mataró

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¿Quién iba a pensar, comer en Barcelona y cenar en Mataró? Con esta simpática pregunta se ilustraba hace más de ciento sesenta años uno de los hechos más revolucionarios en la historia de la humanidad.

Para entender esta frase debemos retroceder en el tiempo. Nuestro destino será la mitad del siglo XIX. La distancia en línea recta entre las Ramblas de Barcelona y el centro de Mataró eran, entonces y ahora, veintinueve kilómetros. La distancia por carretera hoy en día son algo más de treinta y tres kilómetros.

Unas disntacias que en 2017 parecen ridículas, sin embargo, en 1848 33 kilómetros de ruta suponían todo un día de camino a buen ritmo. Por eso lo normal y previsible es que si alguien comía en Barcelona difícilmente podría cenar en Mataró (también hay que tener en cuenta que en aquella época se comía y se cenaba a horas más tempranas, pues se vivía mucho más acorde a los ciclos solares).

Y en esto llegó el tren

Y en esto llegó el tren de Barcelona, de Barcelona a Mataró. El 28 de Octubre de 1848, en ese fatídico y revolucionario año de 1848, se estrenó en la España peninsular el primer ferrocarril. Esta primera línea peninsular unía las cercanas localidades de Barcelona y Mataró.

Decimos que se estrenó el primer tren en la España peninsular porque unos años antes se había inaugurado la primera línea de ferrocarril en España, pero se hizo en la isla de Cuba, auténtica joya de la corona española.

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